![]() |
| Fuente de imagen: https://www.el19digital.com/files/articulos/122531.jpg |
Varios autores han contribuido a la teoría de las élites, también conocida como elitismo democrático. Su idea principal gira en torno a la existencia de un grupo considerado “élite política”, que se diferencia del resto de la sociedad para establecer su gobierno. El totalitarismo, en cambio, es un concepto que se centra más en la dominación por terror, la manipulación de la población e incluso la eliminación de la esfera política, ya que los principios democráticos son vistos como un obstáculo para el gobernante totalitario.
Cabe señalar que en este texto la comparación entre los dos temas se basará en las teorías elitistas de Gaetano Mosca, Vilfredo Pareto y Robert Michels. Como es de esperar, la visión de cada autor sobre el tema, aun siendo el mismo, puede diferir o centrarse en distintos aspectos del elitismo; por ello, se hará la referencia correspondiente en cada caso particular. En cuanto al totalitarismo, solo se abordará desde la perspectiva de la investigadora Hannah Arendt en su libro “Los orígenes del totalitarismo”.
Gaetano Mosca y el elitismo democrático
Según Gaetano Mosca, uno de los mayores exponentes de la teoría elitista, la sociedad siempre está gobernada por un pequeño grupo, o incluso un solo individuo, que representa a la élite de esa sociedad. Para Mosca, en realidad no hay mucha diferencia entre un régimen monárquico, aristocrático o democrático: al fin y al cabo, en cada grupo social habrá una élite que ostente el poder político y social. Esto no significa que no sea posible un cambio de gobernante, pero sí deja claro que para que una persona llegue al poder, ya debe formar parte de la élite. Así, el autor cree que, en esencia, todas las formas de gobierno se caracterizan por ser oligárquicas, es decir, que constituyen un grupo, de la misma clase social, que siempre conserva el poder para sí mismo.
Entonces, ¿existen opciones políticas reales? En un sistema democrático, ¿realmente supone una diferencia votar por uno u otro candidato? A partir del pensamiento de Mosca, podría decirse que la respuesta a estas preguntas es negativa. Y si no hay opciones de cambio real, ¿cómo se puede distinguir entre una “democracia” y una dictadura? Al fin y al cabo, parece que la única ventaja de un régimen democrático es que la élite puede disimular mejor el hecho de que nadie ajeno a su grupo podría llegar al poder. El cambio constante de la cara a la cabeza de la nación, es decir, del Presidente, los “diferentes” partidos políticos, entre otras supuestas divisiones del poder político, no son más que una serie de herramientas que permiten a la élite mantener a las masas sin noción de que siempre las gobierna el mismo grupo.
Hannah Arendt y el totalitarismo
Las reflexiones anteriores parecen estar estrechamente relacionadas con el estudio de Arendt sobre los regímenes totalitarios, en los que se elimina la esfera democrática en beneficio del gobernante o gobernantes. En cierto modo, podría decirse que el totalitarismo es simplemente un elitismo desvergonzado, que ha perdido la voluntad de pretender ser democrático. Sin embargo, la élite totalitaria es consciente de que si no simula democracia para complacer a la población, serán necesarias medidas más represivas del poder estatal.
Vilfredo Pareto y las élites cambiantes
Por otro lado, la teoría elitista del intelectual Vilfredo Pareto se centró en otros aspectos diferentes a los de Mosca. Pareto partía de la base de que la formación de élites en una u otra sociedad era un fenómeno natural, ya que siempre han existido (y existirán) desigualdades entre los distintos grupos sociales. Sin embargo, una misma élite no puede permanecer para siempre: en algún momento perderá su fuerza y será sustituida por una nueva. El autor también afirmó que las élites (o al menos, las más inteligentes) eran conscientes de que, para permanecer en el poder durante más tiempo, sería necesario utilizar la fuerza (para suprimir la oposición de las masas) y la astucia (para convencerlas de que no era necesario oponerse a los gobernantes, a menudo apelando al sentimentalismo o incluso al patriotismo). Una vez más, la diferencia entre elitismo y totalitarismo parece desvanecerse en el aire, sobre todo si tenemos en cuenta que la propia Arendt hablaba de los mecanismos de represión militar e ideológica como características de un gobierno totalitario. ¿Todo medio de manipulación de la población es en realidad una forma de represión? ¿Cómo distinguir una cosa de la otra?
Robert Michels y el “gobierno de los mejores”
Por último, hablaremos de la visión del elitismo de Robert Michels. Según él, los miembros de la élite deben ser expertos en dirigir a las masas, además de mantener la imagen de ser los más capaces y preparados para hacer frente a los problemas de la mayoría. Esto conduce al “gobierno de los mejores”: la aristocracia. Para el autor, las masas dominadas no se oponen necesariamente al gobierno de una minoría: al contrario, dejarse guiar por los “mejores” puede, en cierto modo, aliviarlas e incluso hacerlas felices. También genera un sentimiento de gratitud hacia sus dirigentes, lo que contribuye a perpetuarlos en el poder.
Así, la aparición de una élite no solo goza del apoyo de las masas, sino que incluso parece provocada por ellas. Pero, ¿qué pasaría si la sociedad en cuestión no tuviera problemas que resolver? Y si consiguiera organizarse, ¿echaría de menos un gobierno elitista? Ambas cuestiones se reflejan en el totalitarismo, tal y como lo presenta Arendt: los líderes totalitarios tienen una marcada tendencia a crear enemigos o situaciones que justifiquen la necesidad de las masas de mantenerlos en el poder. A su vez, la difusión del conocimiento también se ve restringida en los regímenes totalitarios: a las masas les conviene permanecer ignorantes, incapaces, porque así preferirán ser guiadas por un líder (o un grupo que actúe como tal). En estas circunstancias, la percepción general podría resumirse en la idea de que, aunque los líderes sean cuestionables, la presencia de un gobierno es preferible a la ausencia de él, ya que se considera que la élite tiene la capacidad de mantener la estabilidad y el orden.
Reflexiones finales
En muchos aspectos, tanto el estudio de las élites políticas como el del totalitarismo se originan en un problema estructural que ha afectado a nuestras sociedades desde que las grandes masas han delegado el poder en un pequeño grupo de individuos. Por lo tanto, es crucial continuar investigando estos fenómenos, ya que ninguna problemática se resuelve a través de la ignorancia. Debemos fomentar la difusión del conocimiento para elevar la conciencia de las masas, que, cuando están desorganizadas, pueden tener un impacto limitado, pero, cuando se unen, constituyen una fuerza indiscutiblemente poderosa, independientemente del sistema político en el que se encuentren.
BIBLIOGRAFÍA
- ARENDT, H.; RAPOSO, R. Origens do totalitarismo. São Paulo: Companhia Das Letras, 2013.
- LARRIQUE, D. Elitismo democrático ¿una elegía a la democracia? Revista Venezolana de Análisis de Coyuntura, v. XVII, n. 1, p. 11–31, 2011.

Comentários
Postar um comentário